«Cantar bien copla es tan difícil como cantar flamenco»

{—¿De qué manera se encara uno al reto de recoger el estandarte de Paco de Lucía, tan grande y tan pesado sin hacer un curso de pro tools o un curso de produccion musical?

—Hombre, tanto como coger el estandarte… Yo vengo de una escuela, la que nos enseñó mi abuelo, que fue mi profesor y el de Ramón, Pepe, Antonio, y Paco lógicamente. Tenemos una forma de tocar que tal vez es muy especial, por la técnica, y quizás sea uno de los últimos que quedan. Se trata de enseñar eso, y no de ocupar la silla de Paco ni nada de eso, pues fue un ser inigualable.

—Cuando presentó su espectáculo, charló del propósito de que «suene en él la esencia de Paco», ¿Puede describirse esta esencia?

—En el tema de la copla, Paco llevaba tiempo dándole muchas vueltas. En mi casa éramos muy aficionados: Camarón venía frecuentemente, mas en mi casa lo que se escuchaba era a Seísmo, a Marifé y a Fluorescente, por el hecho de que Paco tocaba con él. Fue como me hice un especialista en la copla sin darme cuenta, como lo era Paco asimismo. Él afirmaba que la evolución que le hubiese agradado desarrollar, si hubiese tenido la capacitación precisa, era la de haber seguido con la copla. «Creo que es la evolución correcta», afirmaba. ¡La evolución del flamenco, ojo! Cuando faltó Quiroga, todo aquel movimiento tan esencial y tan bonito se paró. A él le hubiera agradado seguirlo, y su forma de reivindicarlo fue este disco, que tengo constancia de que gozó bastante. En él aportó una forma nueva de tocar que ha pasado inadvertida para la mayor parte de los guitarristas.

—Entonces este disco no solo no es «menos Paco», como alguno ha insinuado, sino más bien Paco en estado puro, ¿no?

—¡Para nada es menos Paco! Él sabía lo que se traía entre manos, jamás hacía un disco gratis. Si grababa, era por el hecho de que tenía algo que decir. Si no tenía nada que aportar, se quedaba quieto. Este proyecto le apetecía mucho, pues no debía componer, sino más bien reparar, y se lo pasó realmente bien haciéndolo.El guitarrista algecireño José María Bandera. / El Correo

—¿Dónde situaría este disco en su discografía? ¿Es, en algún sentido, una culminación?

—Él se había liberado de su casa de discos. Desde el momento en que firmó el contrato hasta el momento en que se murió pasó solo una semana, mas una semana en que se sentía contento, libre. Y decía: «Ahora voy a a hacer EL disco». No sé si fue una culminación, no me atrevería a decir que sea el mejor disco de Paco, mas no me cabe duda de que es donde mejor toca.

—¿Por qué razón prosigue siendo injuriada la canción andaluza?

—No lo sé, yo a esas creencias no les hago caso. Creo que hay que tener la psique más abierta, y sobre todo el oído. Siempre y en toda circunstancia tuve presente lo que afirmaba el propio Paco, que ahí está todo eso a fin de que vengan los grandes músicos y prosigan adelante. Debe haber un instante en que se recupere, pues es una cosa que nos identifica. Me agrada todo, el jazz, el rock, mas la música que más me agrada es esta. No hay solamente bonito que Marifé cantando con las orquestas viejas.

—¿Los programas de la tele, asisten a rememorar el género, o bien se quedan en su aspecto más tópico?

—Ayudan, obviamente, por supuesto que sí. Al comienzo temía que no pasase de ser una moda, como cuando sonaba copla en las películas de Almodóvar, tenía mis dudas. Mas ver esas pequeñas que salen cantando tan bien es ilusionante. Ahora faltan los músicos y los músicos que prosigan por ahí.

—¿Y los flamencos más integristas, no miran un tanto de reojo a la copla?

—Claro, mas Paco afirmaba que tan bastante difícil era cantar una cosa como la otra, y es cierto. Alguien que canta bien una seguiriya o bien una soleá puede fallar cantando una copla.

—¿Sale airoso del reto Rafael de Utrera, su cantaor convidado?

—Claro, canta el Romance de Juan de Osuna, Te he de estimar mientras que viva y Señorita, de su paisano Enrique Montoya. Es un enorme cantaor, un enorme artista, ya trabajamos juntos con Paco.

—¿Y la integración de El Amir? ¿Procuraba ciertas resonancias orientales?

—En efecto, cambia la sonoridad y lo hace realmente bien, es buen músico, estoy muy a gusto con él y con el resto. El Amir toca la guitarra y mete el bouzuki en dos temas.

—Diez años de vira con Paco de Lucía, ¿pueden resumirse de alguna forma?

—Fue una escuela, lo mejor que me ha pasado en la vida, con el sexteto y sobre todo con el trío que hicimos con Juan Manuel Cañizares. Paco te enseñaba todo, a estar en el escenario, a concentrarte. Era una escuela de demanda que jamás era férrea, siempre y en toda circunstancia trabajaba con las gracietas. Mas con las risas era asimismo capaz de demandar mucho. Estoy eternamente agradecido por haber podido compartir ese tiempo con él.

—¿Y no se ponía uno inquieto con esas miradas de fuego que lanzaba desde el centro del escenario?

—Bueno, ahí estaba el instante de no dejarte avasallar por esa mirada. Mas la verdad es que Paco lo hacía todo muy soportable. Eso sí, te solicitaba al máximo, mas con mucha mano izquierda.

—¿Cuánta labor ha dejado Paco para las generaciones venideras?

—Bastante. Ya afirmé que en el momento en que me puse con este disco sabía que había mucha manteca, y de hecho me ha dado trabajo en cantidad. Mas en todos y cada disco suyo hay mucho, mucho que aprender. ~

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